• Document: THOMAS KEATING INTIMIDAD CON DIOS
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THOMAS KEATING INTIMIDAD CON DIOS ÍNDICE Prólogo 3 1. Los orígenes de la oración centrante 4 2. Actitudes hacia Dios 10 3. La base teológica de la oración centrante 15 4. La tradición contemplativa cristiana 18 5. El proceso de la Lectio Divina 23 6. Voluntad e intención en la oración centrante 28 7. El símbolo sagrado como un gesto de consentimiento 35 8. La sicología de la oración centrante 39 9. La experiencia de profundización de la oración centrante 51 10. La dirección espiritual de los contemplativos 58 11. Una visión contemplativa para nuestro tiempo 63 12. El rosario como oración contemplativa 72 13. La renovación carismática y la contemplación 77 14. Hacia la intimidad con Dios 82 Glosario 89 PRÓLOGO Dios se hace presente a todo como el objetivo de una cámara que lo ve todo tal como es. Sin embargo, nosotros, por nuestra parte, podemos no hacernos presentes a Dios. Como los sujetos de una fotografía ocasional, podemos no percibir que alguien ve un valor y una belleza maravillosos en nosotros y nos hace una fotografía. Somos convocados a la presencia de Dios por el hecho de nuestro nacimiento, pero nos hacemos presentes a Dios sólo por nuestro consentimiento. A medida que se desarrollan y desplie- gan gradualmente nuestras facultades y capacidades de relacionarnos, crece la capacidad de entrar en relación con Dios y cada paso hacia una presencia más profunda requiere un nuevo consenti- miento. Cada nuevo despertar a Dios cambia nuestra relación con nosotros mismos, con todos y con todo lo demás. El crecimiento en la fe es crecimiento en la percepción correcta de toda la realidad. Al principio la luz de la fe se puede parecer a los rayos del sol que se filtran a través de una ventana con un vidrio de color e iluminan los diferentes tonos y las complejidades delicadas del vi- drio, con sus grietas y defectos. Así, la luz de la fe se filtra a través de nuestras facultades humanas, manifestando, junto con la evidencia de la fragilidad humana, la belleza y la bondad de nuestra per- sonalidad. Una intensidad superior de la fe se asemeja a los rayos del sol que entran a raudales por un cristal transparente, una experiencia de la luz que es mucho más poderosa. En ocasiones parece que el cristal se transforma en luz. De modo semejante, la entrega a la luz de la fe conduce a una rela- ción más íntima con Dios e incluso a un tipo de identificación que hace más profunda la experiencia de la presencia divina, al darle un significado y una perspectiva completamente nuevos. Hay aún otra posibilidad. Supongamos que el cristal se hace añicos, dejando en su lugar un gran hueco abierto. En ese momento la luz ya no sería una relación sino una experiencia de unidad. El amor divino, el fruto maduro de la fe, transforma gradualmente la percepción de la realidad ordi- naria en intuición y la presencia divina en unidad. La función de los que buscan ardientemente a Dios, ¿es detenerse en los momentos de vi- sión o simplemente dejar que la realidad hable por sí misma y, como el objetivo de una cámara, abrirnos a la luz? 1. LOS ORÍGENES DE LA ORACIÓN CENTRANTE La oración centrante es un método de oración que procede de la tradición cristiana, princi- palmente de The Cloud of Unknowing (La nube del no saber), de un autor anónimo del siglo XIV, y de san Juan de la Cruz. Nos lleva a la presencia de Dios y así alienta las actitudes contemplativas de escucha y receptividad. No es contemplación en sentido estricto, vista siempre en la tradición cató- lica como puro don del Espíritu, sino más bien una preparación para la contemplación por medio de la reducción de los obstáculos causados por la hiperactividad de nuestras mentes y nuestras vidas. Las raíces históricas de la oración centrante se remontan a los años que viví en la Abadía de San José en Spencer, Massachussets, donde fui abad de 1961 a 1981. Durante aquella primera ola de renovación de la vida religiosa después del concilio Vaticano II se plantearon por primera vez muchas cuestiones y la Santa Sede alentó el diálogo entre las religiones. En Spencer algunos de no- sotros entablamos relación con grupos de otras tradiciones espirituales que residían en nuestra zona. Invitamos a varios maestros espirituales de las religiones orientales, así como también a algunos teólogos católicos especialistas en eugenismo, a que nos visitaran y hablaran con nosotros. En aque- llos años vivía aún el padre Thomas Merton y continuaba escribiendo extensamente ace

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