• Document: Historia y devociones de la Santa Faz a través de la Historia
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Historia y devociones de la Santa Faz a través de la Historia Primeros orígenes. El Rey Abgar de Edesa. Según la Historia de la Iglesia, escrita en el siglo IV por Eusebio de Cesarea (Historia Ecclesiae 1.13.5 y 22.2) el rey Abgar V de Edesa escribió a Jesús, pidiéndole que viniera a curarle de una enfermedad. Eusebio decía haber traducido y trascrito la carta original que se encontraba entre los documentos de la cancillería siria del rey de Edesa. En el documento de Eusebio, Jesús responde por carta, diciendo que cuando complete su misión terrenal y ascienda a los cielos, enviará a un discípulo para sanar a Abgar (y así lo habría hecho). No se menciona ninguna imagen a Jesús, por lo que esto sería una adición posterior a la historia. No obstante, la leyenda insiste en que la respuesta fue enviar directamente al apóstol Judas Tadeo o a Tadeo de Edesa (uno de los setenta discípulos mencionados en Lc 10, 1-24) a Edesa portando una tela que llevaba impresa la Santa Faz de Jesús, por cuya virtud el rey sanó milagrosamente. El Mandylion (la imagen del rostro de Jesús) desapareció durante la conquista sasánida de Edesa en 609 y en el s. X se llevó a Constantinopla, donde fue recibida con gran pompa por el emperador Romano I, que la depositó en la capilla del Gran Palacio de Constantinopla. Allí permaneció hasta que los Cruzados saquearon la ciudad en 1204, llevándose gran parte de sus tesoros a Europa occidental. Ningún texto de esa época menciona el destino posterior del Mandylion. La tradición romana. La Verónica. Históricamente, el origen de la devoción a la Santa Faz se remonta al memorable día del Viernes Santo, cuando cargado con la Cruz, Nuestro Señor ascendía a la cima del Gólgota. “Seguíales – refiere Lucas- gran muchedumbre de pueblo y de mujeres, las cuales se deshacían en llanto y se lamentaban”. La Verónica es un personaje que no aparece en el Evangelio. Se le relaciona en la Edad Media con la hemorroísa, curada por Jesús de los flujos de sangre y se le denomina Bereniké. La leyenda la hace residir en Panéas (Cesarea de Filipo) donde ella, más tarde, como testimonio de agradecimiento, erigiría un grupo escultórico en bronce con una mujer arrodillada a los pies de Cristo (Leyenda que consta en el apócrifo Actos de Pilato.) La leyenda se desarrolla con el tiempo y la Verónica junto al paralítico, el ciego de nacimiento y el leproso –todos curados por Jesús- se habría presentado ante Pilatos para testimoniar a favor de Jesucristo. La leyenda del velo de la Verónica se remonta al siglo XII. No deja de ser curioso que el mismo nombre de Verónica signifique “Verdadera imagen”. En principio sería un velo que Jesús empleó en el huerto de los olivos para enjugarse el rostro bañado de sangre y sudor. Luego se identificará con el velo que llevaba la Verónica y que se lo entregará a María, que se lo queda y lo da a su Hijo cuando este se lo pide para secarse el rostro. Posteriormente la leyenda dirá que la misma Verónica, al ver pasar a Jesús camino del Calvario, se acercó a él pasando entre los soldados y le enjugó el rostro con su velo, en el que quedó su Santa Faz impresa. Como vemos, la leyenda de la Verónica muestra grandes analogías con el Mandylion de Abgar. Ya en el siglo XI Bernado de Soracte habla del lienzo de la Verónica como una reliquia en la que Nuestro Señor, al enjugarse del polvo y del sudor, dejó impreso su rostro. Su éxito en la Edad Media hizo que pasara a la posteridad como la VI estación del Vía Crucis, en el siglo XIII, y que San Buenaventura escribiera sobre el Rostro de Cristo. En el siglo XII Maillo testimonia que ante la Santa Faz que se conservaba dentro de un marco de plata en Roma, ardían día y noche diez lámparas. En 1193 a instancias del Papa Celestino III fue venerada por el rey Felipe Augusto de Francia a su paso por Roma. En el siglo XV se hace famosa la Santa Faz de Alicante copia de la venerada en el Vaticano que a su vez -como hemos visto- es probablemente una copia inspirada en el original Mandylion que se conservaba entonces en Constantinopla. También adquiriría fama la llamada Santa Faz de Osa de la Vega. El Santuario que acoge la reliquia, conocida antiguamente como «la madre de todos los iconos», confiada a los Frailes Menores Capuchinos, se encuentra en Manoppello, un pequeño pueblo de los Abruzos, en los montes Apeninos, a unos 200 kilómetros de Roma. El Santo Rostro es un velo de 17×24 centímetros. Cuando el peregrino se acerca al velo, descubre la imagen de un hombre que sufre, por los golpes de la pasión como la que sufrió Cristo. El padre Heinrich Pfeiffer S.I., profesor de iconología e historia del arte cristiano en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, ha estudiado durante trece años este velo y ha sido el primer científico en asegurar q

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