• Document: GEORGES DIDI-HUBERMAN SER CRÁNEO LUGAR, CONTACTO, PENSAMIENTO, ESCULTURA
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GEORGES DIDI-HUBERMAN SER CRÁNEO LUGAR, CONTACTO, PENSAMIENTO, ESCULTURA Traducción de Gustavo Zalamea con la colaboración de Sandra Díaz LAS EDICIONES DE MEDIANOCHE El artista es un inventor de lugares. Les da forma y carne a espacios improbables, imposibles, o impensables: aporías, fábulas tópicas. El género de lugares que inventa Giuseppe Penone pasa en primera instancia por un trabajo con el contacto: una dinámica de la impresión mediante la cual el espacio se encuentra a la vez transcrito y dado vuelta, es decir conocido táctilmente y puesto al revés. <<Afuera cráneo solo adentro en alguna parte alguna vez como alguna cosa cráneo abrigo último tomado en el afuera (…)>> Samuel Beckett, Poemas (1978), p. 25 Ser caja Con el fin, tal vez, de no sentirse demasiado obstinadamente mirado (observado) por las órbitas vacías del cráneo humano posado frente a él, el hombre de la ciencia de los cuerpos - el anatomista - prefiere siempre, esto es bien conocido, hablar de caja craneana. Paul Richer, quien fue colaborador de Charcot en la Salpêtriére y profesor de anatomía comparada en la Escuela de Bellas Artes - con esos dos títulos, estuvo entonces encargado simultáneamente de la descripción de malformaciones, de la feúra sintomática, y prescripcionista de «buenas formas» de la belleza ideal 1 -, presentaba así para su auditorio de futuros Premios de Roma, la morfología del cráneo humano: «El cráneo es una especie de caja ósea, irregularmente ovoide, que se encuentra encima del canal vertebral con el cual se comunica y del cual parece una hinchazón. Da cabida (guarda y protege) al encéfalo, lo mismo que la columna vertebral encierra la médula, que no es ella misma más que una prolongación encefálica 2». Después de esta útil presentación - hecha para no omitir completamente lo que del cráneo es la pantalla de proyección, a saber el encéfalo, nuestro órgano de pensamiento -, Paul Richer podía emprender una descripción, voluntariamente sistemática y exhaustiva, de la anatomía craneana: el sistema de examen siguiendo con toda naturalidad la trivial topografía de una caja, es decir de un volumen regular dotado de seis caras, sucesivamente nombradas «plano anterior», «(dos) planos laterales», «plano superior», «plano posterior» y «plano inferior (base del cráneo) 3» (fig. 1-4). Así pues, se diría que cae por su peso: para describir por completo la caja craneana, ¿no hace sólamente falta más que darle la vuelta, agotando la totalidad de sus planos, como lo dice tan bien Richer? Pero lo que cae por su peso hace caer también, frecuentemente, algunos olvidos subjetivos de la represión o de la denegación de una inquietud primordial a la que la atención descriptiva, objetiva, no otorga mayor importancia. Paul Richer olvidaba simplemente, ante su caja craneana, la cuestión que plantea todo cofre mágico, toda pantalla para una cosa preciosa y, más importante aún, todo órgano cóncavo, todo lugar vital: la cuestión del interior, la cuestión de los repliegues. Es significativo que, en el mismo enunciado del título de su obra, la anatomía haya sido calificada de “artística” en razón a que las formas descritas se reducían a las «formas exteriores» - casi que se entiende «formas presentables» - del cuerpo humano. Pero si el cráneo es una caja, será una caja de Pandora: abrirlo verdaderamente implica dejar escapar todos los «bellos males», todas las inquietudes de un pensamiento que se vuelve sobre su propio destino, sus propios repliegues, su propio lugar. Abrir esta caja, es arriesgarse a hundirse en ella, a perder la cabeza, a ser - como desde el interior - devorado. 1 Cf. G. Didi-Huberman, Invención de la histeria. Charcot y la iconografía fotográfica de la Salpêtrière, Paris, Macula, 1982, p. 17-31 y 113-172. Id. <<Charcot, la historia y el arte>> postface à J.- M. Charcot et P.Richer, Los demoníacos en el arte, París, Macula, 1984, p. 125-211. 2 P. Richer, Anatomía artística. Descripción de las formas exteriores del cuerpo humano en reposo y en los movimientos principales (1890), París, Biblioteca de la imagen, 1996, p. 7. 3 Id., ibid., p. 7-12. Ser cebolla Leonardo da Vinci (un artista mucho menos académico que Paul Richer) ha también descrito y dibujado el cráneo humano. Pero desde una atención y una intención muy diferentes: las formas en juego no tienen ninguna necesidad, en él, de ser «formas presentables», y los planos descriptivos no son nunca mirados según sus solas «distancias respetables». A Leonardo le gusta aproximarse, penetrar en el objeto de sus curiosidades (fig. 5-6). Lo que en primer lugar le fascina, en el cráneo humano, es lo que llama su «lado interno»; es la «cavidad de las órbitas», con su disimulada «profundidad»; son en general todos los «huecos visibles», y los que se ven menos, como esos canales por donde según él, las lágrima

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